Miguel Mena: “El periodismo es la profesión más bonita del mundo, siempre que te dejen trabajar a gusto”

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Leticia Celma

Miguel Mena (Madrid, 1959), escritor y periodista, comparte estas dos profesiones sin que interfieran una en la otra. Su vocación siempre fue el periodismo, en concreto la radio. “Tengo la suerte de haberme dedicado a lo que me gusta”, apuntó en la entrevista que mantuvo con la Asociación de Periodistas de Aragón.  Por sus venas corre sangre aragonesa y eso fue lo que le trajo a presentarse a un casting en Radio Zaragoza, y desde entonces ha pasado 30 años en las ondas. Este periodo le ha inspirado para publicar ‘Micromemoria’, un libro de relatos cortos sobre su vida personal y profesional.

Ha pasado de la novela a relatos cortos.

Procuro simultanear. Después de escribir una novela, me gusta escribir un libro más ligero, porque las novelas conllevan mucho tiempo de trabajo, mucha arquitectura, mucha documentación, mucha planificación y un proceso muy lento. Y me gusta alternarlo con libros un poco más libres que no requieren tanta ingeniería, como ‘Micromemoria’ que son recuerdos, pensamientos y microtextos, como hice en Piedad.

Gran parte de los textos están relacionados con su profesión, ¿por qué ha decidido publicarlo ahora?

Han coincidido varias cosas. Una, que la editora Trinidad Ruíz (Editorial Olifante), que lleva muchos años sacando libros de poesía o relatos, me había pedido que sacase algo para esa colección. Por otra parte, coincidió que este año era el 75º aniversario de Radio Zaragoza. Me encargué de coordinar una publicación y pedir recuerdos a todos los compañeros. Además yo cumplía 30 años en Radio Zaragoza. Y al pedir recuerdos a los compañeros me vinieron otros muchos. Empecé a juntarlos y saqué el libro.

Entonces hay algún pensamiento robado.

Están los recuerdos de lo que te ha pasado a ti, pero también recuerdos de cosas que les ha pasado a compañeros tuyos que las has vivido de cerca y que me parecían divertidas, por ejemplo los gazapos en el directo.

En 30 años también hay malos rollos. Eso no lo quería reflejar. Los ajustes de cuentas no tienen ningún sentido. Me puse una norma y es que solo fueran recuerdos divertidos o emotivos. Tenía que ser un libro para una sonrisa o para un momento de recordar compañeros que se han ido, con una cierta nostalgia.

El libro no muestra ningún guión, ¿su vida es igual de desordenada?

Mi vida es muy ordenada. Soy muy metódico, incluso cuadriculado, a lo largo de las 24 horas del día. En el libro me pareció que no tenía sentido darle un orden cronológico, además iba a ser un trabajo innecesario. Seguí, como dice al principio del libro, el modelo de George Perec, en ‘Je souviens’, y del americano Joe Brainard, en ‘I remember’, que hicieron este tipo de libros en los 70 y 80. Perec escribió más de 400 recuerdos y todos empiezan por “yo me acuerdo de”. Copié ese esquema que no tiene ningún orden. Son pinceladas. Es como ir pasando fotos que sacas de una caja y que te aparecen desordenadas.

En los textos abundan las alusiones a la música.

Yo empecé como locutor de musicales y los retransmití durante 14 años todos los días, de lunes a viernes. Entonces viví intensamente los años 80, que fueron muy importantes en la música porque fueron los años de la movida. Surgieron muchos grupos. Algunos se hicieron muy famosos, como Bunbury, que lo vi con 17 años, o a unos muy jovencitos Amaral. Al igual que vi a muchos otros de su generación que no llegaron a nada. Son mis treinta y tantos años que recuerdo muy vinculados a la música. He entrevistado a mucha gente del tema de la música y ha sido muy gratificante.

Estuvo presente en los conciertos de Héroes del Silencio cuando tan solo eran teloneros, ¿se sintió un privilegiado?

No solo como teloneros, yo estuve en su local de ensayo y me tocaron ‘Senderos de traición’ para mí y me presentaron las nuevas canciones. Tengo un recuerdo en 2007, cuando se reunieron otra vez y tocaron en la Romareda. Había miles de personas y yo me acordaba de ese día en el local de ensayo con esas canciones que estaban tocando en directo, tal y como las conocí.

En el momento que lo vives no le das la más mínima importancia, son unos amigos que presentan unas canciones, pero con el paso del tiempo ves de otra manera esos primeros conciertos.

También nombro aquellos que podrían haber llegado a algo y no llegaron a nada  porque las compañías discográficas no les apoyaron o por mala fortuna. Están las dos caras de la moneda porque en el mundo del arte y de la música es así, hay quien llega muy alto y hay quien no llega a nada.

Comparte que el periodismo es la profesión más bonita del mundo, como describió Gabriel García Márquez.

Yo no me hubiera querido dedicar a otra cosa. Para mí, como profesión es la más bonita del mundo. Otra cosa es que las empresas te dejen que sea la más bonita del mundo. Hay dos partes, es la profesión más bonita del mundo pero a veces la presión que te meten o los ritmos de trabajo, que también lo reflejo en el libro, te la pueden hacer muy estresante. Es la profesión más bonita del mundo, no quisiera otra, pero siempre que te dejen trabajar a gusto.

En ‘Micromemoria’, el periodista es el protagonista de la historia.

Esto no lo cuento por  la radio, en el libro tengo otra faceta. Hago mi trabajo en la radio y, después, escribo libros. En los libros publico cosas que no saco en la radio. Es un complemento. El otro día leía algo sobre Chéjov, un autor de finales del XIX, que era médico y escritor. Él decía que la medicina era como su esposa y la Literatura como su amante. Pues a mí me pasa igual. Yo soy el protagonista de los libros, pero no lo soy en mis programas. Por ejemplo, cuando hago programas de radio y vienen escritores les entrevisto como periodista y locutor, jamás me pongo como escritor. De hecho, no consiento que me nombren como tal. Tengo clarísima la separación.

El directo en la radio le ha inspirado con los gazapos, ¿cómo aguanta la risa ante estas situaciones?

En mi caso he vivido situaciones muy delirantes en antena y casi nunca me da la risa. No me ha pasado. Hay compañeros que tienen más facilidad de que les salte la risa. Sobre todo cuando los oyentes se equivocan, mantengo la serenidad. Ya es costumbre, como los actores que salen al escenario y mantienen la compostura.

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Miguel Mena, fotografía artística./M.M

¿Sigue prefiriendo no entrevistar a los niños porque no responden?

A los niños los evito siempre. A partir de 12 años ya los entrevisto, pero de 12 para abajo no porque lo he pasado muy mal. Tienes un grupo de niños y ninguno habla, dicen que no con la cabeza o se encogen de hombros. A lo mejor hablan mucho antes del programa y luego nada. De esas situaciones se aprende.

¿Qué le unió al escritor Félix Romeo?

Era uno de mis mejores amigos. Nos conocimos en el año 1991 a través de otro amigo, Antón Castro. Félix era nueve años más joven que yo, tenía una cultura tremenda y  mucho talento y siempre estaba pensando. Leía todos mis originales y me hacía apuntes sobre los personajes. Me descubría muchas cosas, tenía una gran cultura enciclopédica, siempre estaba leyendo o escribiendo. Murió joven, con 43 años, del corazón, con una muerte súbita. Yo le recuerdo mucho, era uno de mis mejores amigos y muerto en plena juventud.

¿Cómo ve la profesión en la actualidad?

La veo muy complicada, la veo en un momento de transformación y de incertidumbre. Me da la impresión de que no se sabe muy bien hacia dónde ir. Yo creo que se han juntado dos cosas. Primero la revolución de Internet y luego llegó la crisis económica. Internet sobre todo está afectando mucho a la prensa escrita, y me pregunto cómo va a ser el futuro con esa competencia. Sin embargo en la radio soy muy optimista porque creo que Internet le viene muy bien, no le hace competencia y complementa. Por ejemplo, antes te perdías un programa y ya no lo podías escuchar. Ahora con los podcast lo puedes escuchar. Me preocupa el mundo de la prensa, aunque yo no he trabajado en prensa, pero soy muy lector de prensa y me gusta el periódico en papel.

La crisis está provocando que se despidan a los profesionales más veteranos.

Yo creo que estamos en un momento de transformación. Yo, por la edad que tengo, entro en el cupo de los que cualquier día me pueden decir: “Adiós, muy buenas, ya tienes muchos años”. El problema que veo es que para hacer buen periodismo se necesita tiempo para todo. Y ahora se trabaja a un ritmo que es muy difícil preparar las cosas, documentarse, hacer un reportaje en condiciones y no te da tiempo. Si tienes que hacerlo todo aprisa, eso se resiente en la calidad.

Creo también que hay un consumidor de calidad que irá buscando que le den las cosas bien servidas. No se puede ir dando comida rápida a todo el mundo, las hamburguesas están bien para un rato pero a todos nos gusta comer bien. Una noticia o un breve a toda pastilla para un momento sirve, pero el análisis, que alguien te lo cuente a fondo no se puede hacer deprisa.

Estamos en un momento de transformación, son los peores años para la profesión y, en mi opinión, de aquí a unos años, se estabilizará la profesión y será mejor. Es lo que quiero creer, quiero ser optimista en ese sentido.

¿Qué significa el periodismo local en Aragón?

Tiene mucha importancia y, además, tiene mucho mérito. Yo siempre lo he dicho es mucho más difícil llenar de contenidos un programa de radio cuanto más pequeño es el lugar donde trabajas. Lo fácil es hacer un programa en Madrid. Lo difícil es hacer un programa en Tauste, por poner un caso. Y es importantísimo por la cercanía, el servicio que ofreces e incluso por la autoestima de los oyentes que ven que se hablan o que se escriben de sus cosas.

En su libro habla de Toponimia Nimia, unas palabras que no sabía dónde colocar y que finalmente titulan un espacio radiofónico.

Me gustan mucho los juegos de palabras. Hace muchos años se me metió en la cabeza la expresión Toponimia Nimia. Me gustaba la frase y no sabía si hacer un libro que se llamase así. Un buen día se me ocurrió hacer adivinanzas con los pueblos y así surgió, un poco de casualidad, cuando empezó el programa del fin de semana. Primero lo intenté con los oyentes, pero era difícil. Después, con el compañero Miquel Alcázar. Y luego fiché a la periodista Eva Hinojosa y a mi amigo, que es muy ingenioso, el ‘Quesero de Trasmoz’ (Antonio Domínguez). Es humor blanco que sirve para recorrer Aragón. Es un poco delirante pero nos lo pasamos muy bien y, como a la gente le gusta, posiblemente lo mantendremos.

¿Extraerá algún recuerdo de ‘Micromemoria’ para desarrollar una próxima novela?

Sí. Hay un recuerdo asociado al descubrimiento de un grupo musical que Los Tres Carino, de Huesca. Descubrí unos discos viejos en los archivos de la radio y contacté con ellos por la radio. Hacía 30 años que nadie se acordaba de ellos, uno ya había muerto. Me contaron tantas cosas de su vida artística que llevo idea de escribir más sobre ellos. No sé cuándo. Puede que alguno más también y puede que alguno ya lo haya utilizado en mis novelas .