¿Periodismo ciudadano?

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Proliferan en los medios de comunicación, principalmente en sus ediciones online, secciones en las que los lectores hacen sus aportaciones. En muchas ocasiones su objetivo es meramente participativo; es decir, espacios en los que las audiencias interactúan con el medio enviando imágenes o textos, por ejemplo los comentarios a las noticias que publican los medios.

Por supuesto, nada tengo en contra de estas secciones. Sin embargo, sí que hay una tendencia contra la que quiero expresar mi total oposición y es ese fenómeno que se ha venido en llamar periodismo ciudadano. Evidentemente, los periodistas se nutren en muchos casos de las denuncias de los ciudadanos, pero eso ha de ser simplemente la génesis de la noticia, cuyo análisis y elaboración debe de quedar a cargo del profesional de la información.

Porque del periodismo ciudadano a la frase “cualquiera puede ser periodista”, oída frecuentemente no sólo en la calle sino en entornos profesionales, va un pequeño paso que hace un inmenso daño a una profesión que sufre tan seriamente las consecuencias de la crisis.

Si no empezamos por respetar esta profesión desde dentro, poco más podemos pedir. Sin embargo, en la sociedad y en los medios empieza a calar ese axioma de que “esto lo hace cualquiera con un poco de práctica”. Así, en algunas ruedas de prensa o eventos se mezclan periodistas profesionales con pseudoperiodistas, blogueros, webmasters, comunicadores… que se arrogan una labor informativa que poco o nada tiene que ver con el trabajo periodístico profesional.

 

Alejandro Royo 

periodista

Se trata de un fenómeno que no se produce en ningún otro colectivo profesional. Salvando la gran distancia, a nadie se le ocurre poner su salud en manos de un “médico ciudadano” que no ha pisado una facultad de medicina, pero “ha practicado mucho”. O nadie encargará la instalación eléctrica de su casa a un “electricista ciudadano” que hace montajes eléctricos como hobby. Simplemente, porque esas figuras ni siquiera existen. Pero delegamos algo tan trascendente como la labor de informar, de contar lo que acontece, casi en cualquiera que sepa poco más que escribir.

No cabe duda de que la irrupción de las nuevas tecnologías ha cambiado los medios de comunicación, pero también lo ha hecho, por ejemplo, con la arquitectura. Los arquitectos han pasado de manejar plumillas a diseñar a través de ordenadores, pero en ningún despacho serio trabajará nadie que no posea la licenciatura adecuada.

Los nuevos tiempos han de suscitar el debate sobre el modelo periodístico que quieren tanto los medios como la sociedad. Un modelo que tiene dos alternativas: apoyar y proteger a los periodistas a través, por ejemplo, de un colegio profesional que permita el ejercicio de la profesión sólo a quien posee la titulación que capacita para ello (simplemente algo con lo que cuentan la mayoría de profesiones liberales); o bien apostar definitivamente y sin tapujos por el hecho de que cualquiera pueda ser periodista. Entonces, seamos consecuentes. Cerremos todas las facultades de Periodismo del país, porque si ése el futuro, obtener el título no tiene sentido. Tanto una como otra son decisiones arriesgadas, pero lo es más la deriva de incertidumbre y tensión que viven actualmente los periodistas.